Resumen1

Mientras el Perú construyó la magnífica civilización Inca mediante la sabiduría proporcionada por la hoja de coca, se volvió luego el primer productor de derivados tóxicos de esta planta profanada. Hoy en día, de nuevo, la hoja de coca permite tratar la adicción a cocaína y así lo demuestra la experiencia del Centro Takiwasi. Asimismo, se descubre hace unos decenios el uso sanador de la Ayahuasca y se produce en poco tiempo un uso explosivo por todo el mundo. ¿La desacralización acelerada de esta medicina llegará a los mismos extremos que el mal uso de la Coca? ¿Qué nos puede enseñar el camino seguido con la coca en relación al uso de la Ayahuasca? ¿A qué respondió el uso de la coca en Occidente y a qué responde el uso de la Ayahuasca hoy?

Introducción

Más allá de sus diversidades irreductibles, todas las tradiciones y sociedades ancestrales presentan y poseen una preocupación fundamental similar: proteger al hombre -y al mismo tiempo a la sociedad- de la amenaza del Mal, en la medida de lo posible. Se podría también decir: "de las amenazas provenientes de varios males", a condición de no olvidar que, para estas tradiciones, el hombre es uno y que los planos corporal, psicológico y espiritual están siempre relacionados entre sí. En otras palabras, los conocimientos ancestrales, y en particular sus prácticas médicas tradicionales basadas en la experiencia, presuponen y se inscriben en un proceso de purificación, eliminación del Mal y restauración de una cierta armonía: tanto el terapeuta como el paciente participan en este proceso donde nadie es abandonado a sí mismo. De ahí la importancia de los ritos comunitarios, con sus aspectos sagrados, relacionados con la dimensión espiritual de la experiencia humana.

Esto se aplica particularmente al uso de plantas medicinales, abundantes en el Perú, de las cuales las más conocidas universalmente hoy en día son el Tabaco, la Coca y la Ayahuasca2. No trataremos aquí del Tabaco, que se fuma en todo el mundo mezclado con cientos de sustancias químicas (a menudo tóxicas) y cuyo consumo hoy no tiene nada que ver con los usos tradicionales amazónicos. Focalizaremos nuestra atención en las otras dos plantas cuyo uso, si sale de su marco ritual-medicinal tradicional, conduce a desastres como, por ejemplo, la adicción a la cocaína, tan común hoy en día.

En contraste, la experiencia del Centro Takiwasi en Perú muestra los beneficios que pueden derivar del uso tradicional de estas plantas, es decir, acorde con una experiencia secular, dentro de un marco comunitario determinado y siguiendo un camino de purificación, que exige a cada persona compromiso y tiempo (a diferencia del consumo al estilo individualista que quiere disfrutar de todo, en seguida y sin ningún compromiso personal). Entre estos beneficios, incluso se puede observar que la hoja de coca utilizada en manera correcta permite de tratar la adicción a la cocaína! Pero la tragedia es que el mismo Perú que, alimentado por la sabiduría transmitida por la hoja de coca, construyó la magnífica civilización Inca, se ha convertido hoy en el primer productor de derivados tóxicos de esta planta profanada.

Un problema similar se pone con la Ayahuasca, cuyo consumo incontrolado está difundiéndose rápidamente en todo el mundo (Labate y Cavnar, 2014), mientras que su uso terapéutico ha sido redescubierto desde algunas décadas (Mabit, 2007). Dentro de las sociedades tribales donde surgió el uso de Ayahuasca, las reglas son estrictas, el uso de la Ayahuasca está bajo el control de la comunidad, y la lucha espiritual es permanente. El hombre occidental, profundamente marcado por el racionalismo y un ateísmo al menos práctico, se encuentra en una perspectiva de rechazo de los elementos similares que pertenecen a sus propias raíces tradicionales: frente a las tradiciones indígenas, aunque se apropie de algunos de sus componentes, tenderá a crearse su propio contexto "light", dejando de un lado algunas de estas reglas tradicionales y adaptándolas según conveniencia. El riesgo es, por lo tanto, de apropiarse de la Ayahuasca sin someterse al contexto ritual que estructura su consumo, o seleccionando según conveniencia las piezas de esta ritualización que convengan, porque estas no contradicen las expectativas. El occidental se vanagloria de regresar a los conocimientos y saberes milenarios de los indígenas, cuando en realidad los manipula, hasta el punto de traicionar estas tradiciones y también la propia. Por otra parte, se expone a todos los peligros que aquellas tradiciones han sido capaces de detectar de manera universal, y contra los cuales han desarrollado, a lo largo de los siglos, sistemas de protección.

Presentación

El Centro Takiwasi, ubicado en Tarapoto, Perú, se dedica desde hace 25 años al tratamiento de personas en situación de dependencia a las drogas y a la acogida de personas en búsqueda de una evolución personal. En el protocolo de tratamiento que hemos desarrollado la Ayahuasca juega un papel fundamental, asociada al uso ritual de muchas otras plantas, como indicado por las prácticas ancestrales de la Amazonía peruana que comprenden purgas, dietas, baños, chupadas y sopladas, entre otras técnicas. Esas técnicas se insertan en un proceso de sanación que incluye acompañamiento psicoterapéutico y la convivencia en una comunidad de residentes en seno al Centro. Este enfoque innovador está generando un creciente interés en la comunidad científica (Brierley y Davidson, 2012).

Propongo aquí una reflexión inicial sobre un tema complejo, bien consciente que no hay una respuesta simple a un problema complejo (Morin, 2005) y solicito al lector perdonar las formulaciones sintéticas que puedan parecer perentorias y que ruego tomar como una invitación a profundizar esta temática.

La lección de la coca

El Perú es uno de los mayores productores de hoja de coca y de sus derivados adictivos que alimentan el narcotráfico a nivel mundial. Junto a cannabis y alcohol, la cocaína y la pasta básica de cocaína son los productos más consumidos entre nuestros pacientes.

De manera paradójica, la hoja de coca constituyó la fuente de la sabiduría ancestral del mundo andino y el epicentro de la cultura Inca que floreció por varios siglos en toda la región de los Andes3 y fue capaz de crear maravillas como Machu Picchu. El habitante de los Andes la consume hasta hoy en día sin que esta haya provocado en él ni dependencia ni adicción. Ella es, por lo contrario, fuente de salud, fuerza y alumbramiento espiritual.

¿Cómo tal fuente de sabiduría ha podido convertirse en uno de los mayores problemas de dependencia a nivel mundial? Esta degeneración se debe esencialmente a la apropiación ilegítima de los occidentales, al desvío de sus usos religiosos, sagrados, rituales, que han sido remplazados por fines productivos esencialmente motivados por la codicia (Gumucio, 2008). La coca comenzó con ser destinada al buen funcionamiento de la producción minera en general y del oro en particular, para luego convertirse, en nuestra época, en un producto diseñado para poder mantener el ritmo frenético de la sociedad moderna, totalmente gobernada por las demandas de un mercado omnipresente, y destinado al mismo tiempo a contrarrestar los efectos del estrés que surgen de estas mismas demandas.

Por lo tanto, el estilo de vida occidental con tendencia hegemónica a nivel planetario ha inducido el consumo frenético de la cocaína y de otras drogas que dan la ilusión de "aguantar". Así es como la medicina ancestral de los Incas, utilizada un tiempo para los fines más elevados, se ha convertido en el veneno mortal de la vida moderna. Las consecuencias de esta profanación tienen un precio muy alto. Se trata de una ley espiritual universal4.

En el Centro Takiwasi intentamos demostrar clínicamente que, retomando el uso correctamente ritualizado de la hoja de coca, su poder medicinal puede contribuir al tratamiento y desaparición de las adicciones a sus propios derivados tóxicos (Giove, 2002). El problema no viene de la planta sino de su uso incorrecto.

Paralelismo y diferencias con la Ayahuasca

La Ayahuasca (Banisteriopsis caapi), es igualmente una planta americana, pero originaria de la cuenca amazónica, donde constituye hasta hoy un eje esencial de las practicas medicinales y rituales tradicionales. Su difusión explosiva desde hace unos 30 años se debe también, en gran medida, a su apropiación de parte de los occidentales. Esta vez, sin embargo, el utilizo de la Ayahuasca en el Occidente no es finalizado a satisfacer las demandas productivas del consumismo sino a responder a la crisis existencial generalizada que esto ha provocado. Así como la coca, también la Ayahuasca es tomada en cuenta para dar una respuesta al estrés generado por la violencia de la sociedad moderna, pero por razones sensiblemente distintas. Cuando la coca es adulterada para ser reducida a sus principios activos, tiene como efecto de ayudar a aguantar el estrés generado por el ritmo acelerado exigido por un sistema de codicia generalizada, pero jamás llega a poner bajo cuestionamiento ese sistema. La Ayahuasca, más bien, cuestiona hasta cierto punto este mismo sistema y representa así una posible forma de escape a esa dinámica mortífera, promoviendo la creación de propuestas alternativas a éste. Responde de tal forma, por sus efectos visionarios, al apetito moderno por las imágenes y las pantallas. Por otra parte, aun cuando reducida a sus principios activos, no genera ninguna adicción (Frecska, Bokor and Winkelman, 2016).

Esas dos diferencias, la ausencia de dependencia y el cuestionamiento útil al sistema, dejan pensar a muchas personas que defienden el uso de la Ayahuasca, que ésta esté entonces exenta de consecuencias negativas para el occidental que la consume.

Nosotros pensamos que, si bien haya sido establecido claramente que la toxicidad física de la Ayahuasca no tiene comparación con la de los derivados de la hoja de coca (dos Santos, 2013), esta planta oculta una potencial toxicidad mental y espiritual mucho mayor. Su relativa inocuidad a nivel físico que parece exculpar el uso de la Ayahuasca, esconde peligros sutiles que, precisamente por su sutileza, son ampliamente ignorados. Son efectivamente mucho más difíciles de detectar a primera vista y por ende considerados como casi inexistentes. Si los efectos de la toxicidad física son inmediatos y difíciles de negar, los de la toxicidad psicológica pueden manifestarse de manera más lenta, progresiva y enmascarada, y esta aparente inocuidad es aún más pronunciada cuando consideramos el nivel espiritual. A mayor sutileza y dificultad para tomar consciencia, mayor es el peligro. Se vuelve difícil resaltar los vínculos que se establecen entre el consumo incorrecto de Ayahuasca y sus efectos nocivos en el corto y mediano plazo. Entonces, el uso inadecuado de la Ayahuasca puede revelarse muy tóxico a nivel espiritual, relativamente tóxico a nivel psicológico y mental y poco tóxico a nivel físico.

Desnaturalizada por un mundo que divide la medicina de la espiritualidad

De la misma forma en que los occidentales han creído ser exentes del conocimiento ancestral que gobierna el uso de la coca (por no hablar del tabaco y la amapola, entre otras plantas), ahora tienden a apropiarse de la Ayahuasca dejando de lado las reglas básicas establecidas desde hace siglos o milenios por las sociedades amazónicas. Los aspectos rituales, o son abandonados por considerarse folklóricos y meramente de orden cultural, o son plagiados en sus formas, pero vaciados de su esencia y contenido verdadero5. Los occidentales se reclaman de una tradición para mejor adulterarla, y, dejando de lado la dimensión espiritual y religiosa, resumen así la sabiduría milenaria de la Amazonía, para hacerla pasar bajo las horcas caudinas de una concepción reduccionista de la salud mental.

Más aún, la auto-denominada “comunidad ayahuasquera”6, creyéndose revolucionaria, adhiere inconscientemente a las categorías y conceptos del New Age, típico producto de la pos-modernidad, que, con sus pretensiones al cambio de paradigma, no hace más que confortar al sistema sin cuestionarlo en sus fundamentos. La mejor prueba de ello es ver como se tolera un “uso religioso” de la Ayahuasca, pero se prohíbe su uso médico y cuando se abren eventualmente las puertas de un uso terapéutico es dentro del contexto desacralizado de la medicina occidental, sin ritualidad y excluyendo su dimensión espiritual. En el peor de los casos, irracionalmente, su uso está prohibido en todas sus formas, incluso en el marco de la investigación que contradice de este modo su propia epistemología mediante la creación de tabúes científicos.

Por lo tanto, el uso tradicional de la Ayahuasca es llamado en causa para ser sometido por un lado a una medicina tecnicista y utilitarista, y por otro lado a una espiritualidad desencarnada, y para contribuir de este modo a disociar el cuerpo, el alma y el espíritu, de acuerdo con lo que constituye verdaderamente el corazón de la ideología post-cristiana7. Al final y en ambos casos, la Ayahuasca está sujeta al espíritu del Occidente, reconfortando así lo que se suponía debía cuestionar. Es necesario aquí decir algunas palabras sobre el New Age.

La comunidad ayahuasquera y el New Age

La mayoría de los consumidores de ayahuasca provenientes del mundo occidental, así como los sujetos más o menos occidentalizados, asocian espontáneamente la ingesta de ayahuasca con la filosofía New Age (Toolan, 1987). El movimiento New Ageresponde sin duda a la necesidad de dar un sentido a la existencia frente a la desacralización acelerada de la sociedad contemporánea. Sin embargo este movimiento nos parece prometer mucho más de lo que puede ofrecer en realidad, en la medida en que mantiene, en sus fundamentos y bajo apariencias engañosas, los axiomas de la sociedad que pretende rechazar o criticar: retoma en cuenta importantes errores conceptuales y filosóficos cuya vacuidad ya ha sido señalada y denunciada a lo largo de la historia de la sociedad occidental (Verlinde, 2014), pretendiendo al mismo tiempo acoplarlos a tradiciones como la práctica del chamanismo o las grandes corrientes espirituales de la humanidad, ya sean orientales8 u occidentales.

Sin embargo, estas tradiciones, también presentes entre los monjes cristianos de Oriente o de Occidente, insisten siempre en la necesidad de: inscribirse dentro de una filiación estructurada; seguir a largo plazo enseñanzas y ejercicios rigurosamente codificados; someterse a la autoridad de maestros que median en la relación entre este mundo (profano) y el mundo “otro” o espiritual; observar meticulosamente un conjunto de reglas y principios; no mezclar a su antojo sustancias o prácticas que se oponen o contradicen (sean rituales, plantas, conceptos, etc.); beneficiar de un adecuado y severo protocolo de contención y guía; aceptar una cuota de sufrimiento en el aprendizaje que supone sacrificio, abnegación y entrega; renunciar a la búsqueda de riquezas, despojarse de lo inútil o superfluo; disponerse a un “trabajo sobre sí mismo”; inscribir toda relación con el mundo espiritual dentro de un contexto ritual no improvisado sino enseñado y transmitido; prepararse para una dimensión de combate espiritual tanto interior como exterior que llevará el iniciado a confrontarse con entidades espirituales malévolas9.

Está aquí pintado, en pocas palabras, el escenario de un camino que requiere tiempo, disponibilidad, cautela, lentitud – elementos sin los cuales no podemos superar los obstáculos ni tanto menos frustrar las trampas puestas en el camino – y que, sobre todo, requiere la humildad necesaria para poder recibir y beneficiarse de lo que los Ancianos tienen para transmitir y enseñar.

Desafortunadamente, la que aparece con mayor frecuencia es la actitud opuesta: donde la tradición señala la necesidad de un largo proceso de aprendizaje, se pretende aprender rápidamente en pocas semanas o meses10; donde indica la necesidad de una filiación (Sotillos, 2013), se corta alegremente las propias raíces judeocristianas, griegas y latinas; (la fe se excluye en nombre de la libertad y la razón es prohibida para evitar una mentalización excesiva); donde recomienda referirse a una tradición estructurada se prefiere la auto-referencia (“el maestro es interior”, tic verbal del New Age)11; donde advierte contra un abordaje precipitado al mundo-otro, y especialmente con sus estratos intermedios donde circulan entidades malignas, se escoge la idealización de un mundo espiritual libre de toda adversidad12; donde demuestra la importancia de la mediación de los mayores o maestros, se pretende abstenerse de ello para sustituirla con la autonomía individual, y dirigirse directamente a la Divinidad por cuenta propia13; donde señala la existencia de leyes inmutables e implacables, físicas, psicoafectivas y espirituales, se prefiere sustituirlas con la afirmación egótica de que las únicas leyes válidas son aquellas que uno se da por sí mismo14; donde se habla de Verdad intangible y universal, se responde que cada uno tiene el derecho inalienable a su propia verdad; donde se señala un sufrimiento necesario, se desea el disfrute de un aprendizaje suave15; donde se insiste sobre una intención pura, se asume que la buena intención y el deseo de ayudar sean suficientes; donde se enseña la rigurosidad en el manejo del simbolismo y la ritualidad, se prefiere la improvisación, la inspiración personal del momento y lo estético16; donde se manifiesta que la bondad sin el conocimiento es el “camino al infierno”, se cree que las buenas intenciones sean suficientes y protejan; y por último, donde se advierte sobre el peligro de un “conocimiento por si mismo” no regado de bondad, se cree que la acumulación de conceptos, lecturas, estudios prevalezca17.

Este modo de ver, pensar y actuar predomina en la “comunidad ayahuasquera” actual. Se fusiona en la nebulosa New Age – localizada también en el vasto campo de la Gnosis18 - donde la búsqueda de la libertad por si misma encierra en un sistema autorreferencial sin límites, estructuras o autoridad. La “pretendida ampliación” de la consciencia tiende a asemejarse a una inflación desmedida del ego (Spangler, 1984). De este modo funciona en espejo, como hemos podido verlo, al enfoque científico que se interesa por los efectos de la Ayahuasca solo cuando expurgada de su dimensión espiritual, o a una psicología reduccionista (psicologismo) que toma la Ayahuasca como un simple facilitador en psicoterapia. Los enfoques espiritualistas de la New Age por un lado, y los reduccionistas (ateos) por otro lado, participan, cada uno a su manera, de la desacralización del uso de la Ayahuasca.

Varios autores han tratado de superar esta contradicción a través de la unión de la psicología moderna con la espiritualidad, para poner en armonía Occidente y Oriente, considerando que juntos representan realmente la psicología/filosofía eterna y universal intrínseca a todos los seres humanos. Ken Wilber lo probó con gran inteligencia y brillantez y lo mismo hizo también el Profesor Jorge Ferrer del Instituto Californiano de Estudios Integrales, en un ímpetu casi post New Age. Sin embargo, ahí encontramos la misma dificultad que Jung tuvo que vivir frente a la cuestión del Mal en asumir la noción de privatio boni y que permitió que a su vez sea recuperada por la New Age y varios tipos de gnosis, como lo hemos mostrado en otro momento (Mabit, 2016). Si el arquetipo del Ser representa el Bien, Dios, entonces el Mal está simbolizado por su sombra y los espíritus malignos no existen. Así, Jung intentó desacralizar los arquetipos para no reconocer la existencia autónoma de los espíritus del mundo intermediario. La sombra psíquica se confunde de nuevo con la sombra espiritual en el renovado e interminable intento del espíritu humano de no "arrodillarse ante Dios", summum bonum, y finalmente aceptar, en su limitación, que el camino pasa por el Apocalipsis19.

Paradójicamente, al igual que Jung que será inspirado por dos espíritus (¿malignos?), que se presentan a sí mismos como tales, Filemón y Basilides, la New Age no es reacia a nutrirse de estos "inspiradores" como Roberto Assiagoli (promotor de la Psicosíntesis) con un espíritu llamado el Tibetano y Alice Bayley (promotora de la Teosofía) con un espíritu del mismo nombre que también se identifica como el Maestro de la Sabiduría y luego bajo las iniciales D.K., más tarde interpretadas como Djwal Khu; o también el “Jesús” que supuestamente dictó a Helen Cohn Schucman el "Curso de Milagros" o las "Cartas de Cristo", recibidas por un autor anónimo. La New Age posee así muchas raíces esotéricas, aunque nunca se abordan o definen claramente ni la realidad ni la naturaleza de estas "entidades-fuente".

El eclecticismo del movimiento New Age autoriza las mezclas más inverosímiles, creando nuevas quimeras. Se coleccionan experiencias, plantas, filosofías, conceptos, en la mayor confusión, sin construir nada consistente. Es llamativo ver la verborrea sobre vivencias con Ayahuasca y la carencia extrema de reflexión sobre ello, tanto a nivel psicológico, filosófico y más aún teológico. Se critica la sociedad occidental en nombre de un individualismo disfrazado de libertad que la caracteriza en esta degeneración de cambio de siglo.

La innovación no está excluida de la tradición, incluso si la Tradición no evoluciona ni un poco. Los sistemas médicos tradicionales pueden integrar elementos de otras culturas y proceder de forma no exclusiva. Pero esta integración de elementos innovadores pasa previamente por el filtro de su coherencia con las estructuras operativas del sistema tradicional. O bien se sugiere durante el curso del trabajo con Ayahuasca y luego aparece como una enseñanza adicional del espíritu que preside los efectos de la planta, o bien que provenga del exterior y sea sometida a experimentación en un marco tradicional antes de posiblemente ser integrada. El dinamismo y las capacidades de enriquecimiento de las medicinas tradicionales amazónicas no implican abandonar las bases "energéticas" que sostienen su operatividad. Los ayahuasqueros podrán así explorar las cualidades de una planta medicinal ajena a su contexto habitual observándola durante el estado de trance para definir su potencialidad y posiblemente incluirla en sus recursos terapéuticos. Del mismo modo, las etnias indígenas de la Amazonía colombiana han integrado en su práctica el uso de la armónica, pero manteniendo un ritmo y una melodía coherentes con la “energía” de la Ayahuasca. Las tradiciones indígenas de América Latina también se han ido nutriendo, por su proximidad al cristianismo, con la inclusión de oraciones, la invocación de santos, ciertos salmos, el uso de agua bendita, etc., en la medida en que estas contribuciones no entraban en contradicción con su cosmovisión y, por el contrario, potenciaban su combate espiritual20. Las nociones de “cutipada” y “cruzadera” (interferencia energética) previamente reservadas para ciertas plantas, olores o animales, se han extendido a los objetos modernos (perfumes embotellados, olores de gasolina o detergente, vehículos o productos tecnológicos) fundamentalmente sin cambiar el modelo diagnóstico y terapéutico.

La innovación occidental en el uso de la Ayahuasca se vería beneficiada si se inspirara a este enfoque empírico, que parte de los procedimientos tradicionalmente implementados para introducir en la práctica elementos innovadores. Esto supone otorgarle al empirismo indígena un valor probatorio autentico y deshacerse de la arrogancia occidental que pretende, sin verificación, corregir las supuestas deficiencias o carencias del pensamiento de las poblaciones nativas descrito como mágico-religioso. El pensamiento progresista occidental21 sugiere a nuestros contemporáneos, hijos de la modernidad, que estas concepciones primitivas habrían sido superadas en Occidente y los eximirían de someterse al "filtro" de este empirismo ancestral. La New Age a menudo se deja llevar por este abuso de poder, creyéndose, por definición, más abierta, tolerante, avanzada y evolucionada.

Todos los que toman Ayahuasca, sin excepción, revindican una dimensión "espiritual" en su uso, sin jamás definir qué entienden con ello. La reflexión en este campo presenta una carencia que me parece abismal o mejor dicho se puede considerar como casi inexistente. Parece ser un tema tabú. Cuando se aborda el uso de Ayahuasca desde enfoques científicos, sociales y terapéuticos, se exige, con razón, la rigurosidad del razonamiento lógico y de la demostración de las hipótesis: las afirmaciones gratuitas no son toleradas. Sin embargo, cuando se trata de “espiritualidad ayahuasquera”, cualquiera puede decir cualquier cosa sin que se exija esta misma rigurosidad ni haya espacio de cuestionamiento. Por lo tanto, se autoriza el uso religioso de la Ayahuasca en varios países y existen “iglesias ayahuasqueras” que podrían hacer oír sus voces, pero la cacofonía de opiniones personales domina y está basada únicamente en la inspiración individualista, sin espíritu crítico o debate, sin bases conceptuales o coherencia doctrinal, ni referencias escritas o históricas.

En mi opinión, sería muy necesario realizar estudios, investigaciones o reflexiones teológicas y filosóficas, que tengan buenos fundamentos, al servicio de las prácticas relativas al uso cuotidiano de la Ayahuasca. Atribuyo esencialmente a esta deficiencia la aparición de derivas con sus graves consecuencias a nivel físico, psicoemocional y espiritual, y cuya frecuencia se subestima en gran medida. En particular los daños espirituales (infestaciones, posesión, brujería, hechizos, etc.) son ignorados casi por completo, guardados en un silencio preocupante y por lo tanto no reciben algún tratamiento.

Esa enorme falta de coherencia permite el resurgimiento de un gran numero de errores de pensamiento o ideologías antiguas y obsoletas con respeto al abordaje del ser humano y del misterio de su existencia: relativismo, naturalismo, quietismo, dualismo, maniqueísmo, mesianismo, espiritualismo.

Consecuencias de la deriva New Age

Los peligros espirituales señalados por todas las tradiciones florecen actualmente en la “comunidad ayahuasquera” y ponen la riqueza de esta planta, del brebaje y de las tradiciones que codifican su uso, en riesgo de ser totalmente adulterada y desvirtuada, para finalmente dar razones a los partidarios de su prohibición (Molnar, 2013).

Se sabe que las mayores trampas de toda evolución espiritual residen en la tentación del poder, la codicia y el abuso sexual22. Ejemplos abundan de todos esos abusos y transgresiones relativos al uso consumista de la Ayahuasca. Basta dar una vuelta en internet para ver el crecimiento de esos escándalos: fallecimientos repentinos, suicidios, abusos sexuales, explotación económica y comercial, retención sectaria, desestabilización mental, manipulación de la voluntad23. Sabemos que esto es solamente la punta del iceberg ya que la vergüenza, el miedo a las represalias y, a veces, la complicidad, reducen al silencio la mayoría de las víctimas. Es evidente que el eco de estas noticias morbosas, que a veces son retransmitidas por la prensa, causa un fuerte deterioro de la imagen pública de la Ayahuasca.

Sin embargo, nos parece que el mayor peligro no aflora todavía a la consciencia de los mismos consumidores de Ayahuasca, a pesar de que las tradiciones indígenas presentan una amplia colección de datos sobre el uso maligno de la Ayahuasca y otras prácticas de brujería. Nos referimos aquí a la ilusión espiritual y las posibles contaminaciones, infestaciones y posesiones por espíritus malignos. Tanto la ciencia moderna como la modernidad en general niegan esa dimensión de la realidad. Las mismas Iglesias cristianas, por miedo a aparecer retrógradas y anticuadas, ignoran esos casos de contaminación espiritual y por ende han olvidado como tratarlos, aun teniendo las herramientas y la doctrina necesarias para ello24. ¿Entonces como poder prevenir un peligro que no se conoce? Las manifestaciones toman matices de perturbaciones mentales que la psiquiatría se encargará de etiquetar y poner bajo camisa de fuerza química, o encerrándolas de por vida en un hospital psiquiátrico, sin poder curarlas.

La "comunidad ayahuasquera" se coloca en la misma posición de negación de las dimensiones malignas del mundo espiritual y sus manipulaciones, probablemente porque el hombre occidental moderno no podría salir de su oscurantismo espiritual sin ser devuelto a su propia sombra. Es mucho más fácil pensar que todo esto es solo un hecho cultural o un conjunto de creencias infundadas. Se cree evacuar el problema ignorándolo. Es así que los usuarios de Ayahuasca se convierten en presa fácil para estos poderes ocultos (Daniélou, 2008), mientras que nuestra experiencia clínica nos enseña, por lo contrario, que el uso correcto de la Ayahuasca - insistimos sobre el adjetivo “correcto”, no solo evita estas infestaciones25, sino también permite revelarlas y, por lo tanto, llevar sus víctimas hacia un proceso de liberación.

Conclusiones

El uso desviado de la coca nos ha advertido sobre los riesgos de una profanación del uso de las plantas sagradas de los pueblos tradicionales. Este mismo peligro también concierne a la Ayahuasca, pero se presenta de una manera diferente, más sutil, en cuanto la ausencia de riesgos físicos significativos oculta un mayor peligro psíquico y especialmente espiritual. La aparente inocuidad de la Ayahuasca, por no presentar dependencia, y su aparente desafío al sistema consumista tecnocrático occidental y a la herencia judeo-cristiana, ha encontrado en el pensamiento New Age un terreno fértil para la propagación. Estas condiciones han fomentado una expansión exponencial, ingenua, desacralizada y deritualizada del uso de la Ayahuasca en Occidente. Esta ingenuidad comienza a ser cuestionada con la aparición de casos más y más frecuentes de abusos, accidentes y perturbaciones psíquicas relacionadss con un uso incorrecto de la Ayahuasca. Sin embargo, los riesgos de infestación espiritual son aun largamente ignorados y mantenidos bajo silencio. Presuponen superar el tabú de lo "espiritual" o de lo "religioso" que rige el pensamiento reduccionista en Occidente (psicologismo, cientificismo) y volver a las raíces y a las enseñanzas dejadas en herencia por las grandes corrientes espirituales de la humanidad, incluyendo, especialmente en lo que concierne a los occidentales, la recuperación de la filiación cristiana original. El conocimiento ancestral del cual proviene el uso de la Ayahuasca, paradójicamente, coincide en sus reglas y requisitos con las tradiciones occidentales que, precisamente, los miembros de la nebulosa New Age tienden a rechazar.

Al centro de esta contradicción se ponen la cuestión del Mal y su cura y la infranqueable cuestión de la existencia y operatividad del "mundo intermediario" de los espíritus, que despierta la alergia de los occidentales frente a una pregunta que ellos creían, con arrogancia y por ignorancia, haber superado gracias al racionalismo ateo que invade todo el mundo moderno.

Las tradiciones no son estáticas, sino que poseen la capacidad de incorporar progresivamente elementos de otras tradiciones. De este modo, las tradiciones autóctonas, como la amazónica, pueden ser enriquecidas por la tradición occidental racionalista (greco-latina), del mismo modo como ésta última ganaría en dejarse fecundar por los conocimientos de otras sociedades tradicionales.

Una forma de avanzar en esta dirección es redescubrir el aspecto multicultural del cristianismo desde sus orígenes, como lo demuestran los testimonios de las diversas Iglesias Orientales que el Occidente ha olvidado y relegado a los márgenes. Se puede constatar, entonces, que las antiguas tradiciones greco-latinas, que son bastante pobres desde el punto de vista espiritual, no son las únicas sabidurías que la experiencia cristiana ha sabido asumir y transmitir. El esfuerzo ancestral del hombre para alejar el Mal y purificarse a nivel corporal, psicológico y espiritual puede enriquecer al hombre occidental de hoy, siempre y cuando este acepte sus propias raíces y filiación, y por lo tanto ponga en cuestión el racionalismo dominante, que proviene principalmente de un viejo sentimiento de anticristianismo. De lo contrario, está condenado a crear una especie de quimera y perderse en las confusiones de una New Age transgresora, incoherente e irresponsable. Un enorme trabajo de reflexión epistemológica, filosófica, teológica y clínica queda pendiente, y es esencial en particular en lo que concierne a la vulnerabilidad del ingenuo occidental frente a los peligros del mundo espiritual intermediario, donde pone en riesgo, en toda inconsciencia, su salud mental y su salvación espiritual.



Notas
1 Artículo publicado en francés en la Revista Cultura y Droga, Mabit, J. (2018). Coca et Ayahuasca, une même destinée? Revista Cultura y Droga, 23 (25), 15-32, Enero-Junio 2018. DOI: 10.17151/culdr.2018.23.25.2. Conferencia inicialmente presentada durante la World Ayahuasca Conference, Río Branco, Brasil, octubre 2016.
2 Brebaje ancestral psicoactivo de los pueblos indígenas de la Amazonia, compuesto por la liana ayahuasca (Banisteriopsis caapi) y una planta de complemento (la mayoría de las veces Psychotria viridis) y que posee un papel central en las medicinas tradicionales de las poblaciones indígenas.
3 El Imperio Inca (Tahuantinsuyo, en quechua, significa "cuatro en uno" o "las cuatro partes") comienza en el siglo XII con Manco Cápac, siendo el primero de los doce o trece gobernantes de su dinastía, y termina con Atahualpa, derrotado en 1532 por el conquistador español Francisco Pizarro. Este fue, entre los siglos XV y XVI, el más vasto imperio de la América precolombina.
4 La Tradición universal reconoce, más allá de las leyes físicas, también leyes psíquicas y leyes espirituales que emanan de un orden trascendente e inmutable. La modernidad acepta la existencia de las primeras (objeto de las ciencias exactas), admite la posibilidad de las segundas (objeto de las ciencias sociales y de la filosofía), pero rechaza o niega la existencia de las terceras (objeto de la teología).
5 La dimensión ritual requeriría un desarrollo específico dada la ignorancia contemporánea sobre este tema en seno a una sociedad globalmente secularizada y desacralizada, tema que por otra parte ya hemos tratado (Mabit, 1999).
6 Esa "comunidad ayahuasquera" carece, en nuestra opinión, de consistencia real y nos parece una construcción imaginaria: ¿Qué tienen en común exactamente todos los que consumen o convidan Ayahuasca? Ni siquiera el mismo brebaje, ya que este se prepara de manera diferente, con variedades “energéticas” diferentes no reconocidas por la botánica (distinciones del mundo indígena entre tigre-ayahuasca, cielo-ayahuasca, etc.), con aditivos diferentes (Chacruna o Psychotria viridis, Yagé o Diplopterys cabrerana, entre otros), y a veces hasta sin la liana Ayahuasca (Banisteriopsis caapi), remplazada por análogos vegetales o químicos (sin hablar de la infinita variedad de contextos y objetivos que acompañan su utilización).
7 “Post-cristiana” en un sentido que no se refiere solo al fenómeno sociológico de la secularización que ha afectado las sociedades occidentales en los siglos XIX y XX, sino a fenómenos más profundos aparecidos mucho antes, caracterizados por la desnaturalización radical del pensamiento y la práctica cristiana; estos hechos han marcado tanto nuestras sociedades como el cristianismo mismo, según las palabras de Chesterton que habla de "verdades cristianas enloquecidas".
8Hablamos aquí de las tradiciones orientales tales como se practican originariamente, y no luego de su apropiación por la sociedad occidental que las transforma y adapta con la misma desenvoltura como lo hace con el uso tradicional de la Ayahuasca. Así la mayor parte de las filosofías hindúes y budistas llegaron en Occidente reinterpretadas por el pensamiento anglosajón del colonialismo inglés de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.
9 La creación no se reduce a un mundo visible y sensible (la Naturaleza, el Cosmos): un mundo invisible existe, situado entre la creación visible y el mundo divino, de ahí su nombre de “mundo intermediario”. Todas las tradiciones pre-cristianas poseen un cierto nivel de conocimiento de este mundo por experiencia, hablan creaturas espirituales claramente separadas entre buenas o malas (ángeles o demonios; espíritus buenos o malos en manera radical, a diferencia de los seres humanos que permanecen ambivalentes), algo sobre que la Biblia y la experiencia cristiana vienen echando luz. Sólo el hombre occidental, y solo en los siglos recientes, está marcado por un oscurantismo ignorante sobre esas “entidades” o seres espirituales que pueden comunicarse y afectar los seres humanos (respectivamente para bien o para mal). El New Age tiende a confundir este mundo intermediario, creado, con la Divinidad misma. El mundo intermediario es dual, la Divinidad es una.
10 El Taita (maestro) de la etnia colombiana Siona Humberto Piaguaje considera que se necesitan unos veinte años para convertirse en “taita” (el que realiza por si solo las sesiones de ayahuasca) y que algunos seguirán siendo aprendices o asistentes de por vida (comunicación personal). En general, los ayahuasqueros indígenas estiman que sean necesarios al menos 6 meses de “dieta” (condición estricta de aislamiento en la selva con ingesta diaria de plantas, reglas alimenticias y abstinencia sexual) antes de poder reclamar el título de curandero. Sin embargo, tan solo una dieta de 2-3 semanas ya es extremadamente exigente y requiere un proceso de post-dieta (con reglas alimenticias, sexuales y de conducta, entre otras) que dura al menos el doble del tiempo de la “dieta” misma. En otras palabras, muy pocos ayahuasqueros occidentales cumplen con estas condiciones.
11 Esto es lo que algunos llamarán "narcisismo espiritual" o una forma de pseudo-misticismo, como lo señala uno de los más eminentes representantes de la New Age, David Spangler (1984), quien en un segundo momento tomó distancia del movimiento y afirmó que "los individuos y grupos se complacen en sus sueños de aventura y poder, generalmente bajo una forma oculta o milenaria [...] Se distinguen por su apego a un mundo interior centrado en el autorrealización, que se traduce (aunque muchas veces de manera insidiosa) por un retiro del mundo. A este nivel, la New Age está poblada por seres extraños y exóticos, maestros, adeptos, extraterrestres. Es un lugar de poderes psíquicos y misterios y ocultos, conspiraciones y enseñanzas escondidas" (p.78).
12 Lo que equivale a negar o ignorar las prácticas de brujería, los hechizos, encantamientos, prácticas mágicas, que literalmente abundan en seno a las diversas formas de chamanismo o "medicinas" tradicionales.
13 Algunas personas sustituyen la presencia física de un anciano experimentado por el recurso virtual a su "maestro interior", "maestros ascendidos", "guías", "ángeles", entre otros.
14 Por ejemplo, el aislamiento de las "dietas" ya no es tan estricto, la alimentación pierde rigurosidad con la introducción de nuevos alimentos, los actos rituales se pueden realizar de forma remota (¡o incluso por teléfono!), la duración de los procesos post-dieta se reduce, la prohibición de estar en contacto con una mujer en el período menstrual es ignorada para ser considerada “machista”, etc.
15 El concepto de "paz y amor" se supone que se opone al dolorismo o al santo-sulpicianismo de los objetos de culto cristianos.
16 Por ejemplo, el ikaro o canción ritual transmitida por un maestro se sustituye por una creación poética personal, una canción popular o una música con fines estéticos.
17 Típico proceso de las aproximaciones gnósticas y esotéricas, en busca de secretos o claves ocultas. Se notará que algunos de los criterios mencionados coinciden con el cuestionamiento de la Reforma Protestante (examen libre, crítica de la mediación clerical) que predomina en los países anglosajones donde echó raíces la New Age.
18 Por 'gnosis' se entiende el conocimiento iluminado de los misterios divinos reservado para una élite de iniciados, en oposición a la revelación traída por Jesús y de la cual dirá: “Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños" (Lucas, 10:21).
19 El summum bonum o bien supremo, así como la privatio boni, el mal definido como privación del bien, son nociones teológicas cristianas que deberían introducir un debate teológico de fondo sobre la cuestión del mal que desafortunadamente está casi ausente de la esfera New Age, como si se tratara de un tabú de la Modernidad.
20 Esta parcial cristianización de las prácticas terapéuticas ancestrales a menudo incomoda al occidental al cual, en su concepción fantástica, le gustaría encontrar la "pureza originaria" en estas medicinas y por esto las considera "contaminadas" por una coloración religiosa (su propia tradición) que él rechaza. Esta incomodidad no existe entre los indígenas que, de hecho, tampoco la entienden.
21 El pensamiento progresista es parte de una visión lineal del tiempo donde lo nuevo es necesariamente mejor que lo viejo. Esta disposición cultural está tan inscrita en los "genes" de la modernidad que es casi inconsciente y por eso resulta obvia. Sin embargo, se opone frontalmente a la visión de los pueblos originarios que colocan la fuente del conocimiento y de la sabiduría en un mitológico tiempo originario, lo que subyace a las prácticas de adoración de los antepasados y respeto para los mayores y los ancestros ubicados cronológicamente más cerca de esta fuente. Por lo tanto, existe, entre estos pueblos, la necesidad de conservar y mantenerse lo más cerca posible a la tradición. La New Age, mientras critica al sistema occidental, permanece impregnada por este axioma, lo que genera un constante malentendido con el mundo indígena.
22 Podemos aquí asociar las famosas tres concupiscencias (deseo excesivo de nuestra naturaleza decaída) nombradas por San Agustín: la libido sentiendi (los deseos del cuerpo), la libido dominandi (el orgullo) y la libido sciendi (el conocimiento).
23 Estos hechos se han vuelto tan frecuentes y preocupantes que en varios países (España, Estados Unidos, República Checa) las unidades de emergencia se han equipado para responder a estos casos, a veces muy dramáticos.
24 Me refiero en particular a la tradición exorcista relativamente descuidada, aunque hoy en día parece existir un renaciente interés en este campo, como lo demuestran las tesis contemporáneas sobre demonología de Padre José María Fortea en España y de Padre Jean-Baptiste Golfier en Francia, o la reciente reactivación de las Asociaciones Internacionales de Exorcistas, así como de capacitaciones y nombramientos de especialistas en el campo.
25 Las fuentes de infestación incluyen espiritualismo, magia, prácticas ocultas, uso inadecuado de la sexualidad, herencias transgeneracionales, consumo de drogas, entre otros.


Referencias bibliográficas
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Coca y Ayahuasca, ¿mismo destino?

Conferencia del Dr. Jacques Mabit presentada durante la II World Ayahuasca Conference organizada por ICEERS Foundation en Rio Branco, Brasil, 21-10-2016.